EL RGPD bien podría ser el acrónimo de Relato de Gila Para Desternillarse.

El RGPD como se conoce al Reglamento General sobre la Protección de Datos, de aplicación en el ámbito de la Unión Europea es para decirlo rápido el causante de la marabunta de correos, llamadas, SMS, que estamos recibiendo como consumidores por parte de todas las compañías, páginas webs, suscripciones y cualquier comercio de barrio que tenga nuestro correo o número de teléfono.

¿Por qué ahora precisamente? La respuesta es la fecha de entrada en vigor. El viernes 25 de mayo de 2018 es el día D y la hora X y como buenos ciudadanos europeos podremos ejercer nuestros derechos desde ese mismo instante.

¿Qué derechos son? Para resumirlo rápido. Que tenemos que consentir que tengan y usen nuestros datos.

Aquí es donde entra en juego la madre del cordero si me permites la expresión: No hay una definición clara de que son “fines comerciales” y tampoco está claro la forma de dar el consentimiento.

Como Jack, vamos por partes.

Podríamos pensar que como “españoles de siesta y pandereta” dejamos todo para el último día. Hoy, que entró la vigencia de la normativa, me pongo a solucionarlo. Pero es que en el resto de Europa están parecidos. O nos van copiando ciertas costumbres como la siesta y la paella o es que no somos tan de dejar esto para el final porque si.

Porque la Ley deja muy clarito muchas cosas pero otras las deja en el aire y es aquí donde se monta el guirigay.

Que la Ley se aprueba a nivel europeo el cuatro de mayo de 2016 (que si, que lo he escrito bien, hace DOS AÑOS) con la noble causa de crear un nuevo marco jurídico que refuerce derechos de los ciudadanos y responsabilidad a los responsables de los tratamientos de datos.  Y como responsables de tener los datos las empresas no saben cómo, lo dejamos lo dejamos y llega el lobo.

Y hasta aquí, que estamos ya a las puertas y quizás cuando leas esto, ya hasta en la cocina esté.

Maripili, clienta de un gran banco nacional desde hace más de cuarenta años, con su hipoteca ya pagada, su cuenta, la nómina , sus tarjetas y hasta una imposición porque le regalaban cazuelas , tiene que después de media vida, volver a ir a su oficina bancaria a decir: Que si, cojones, que podéis seguir usando mis datos.

Los más tecnológicos pueden ceder el consentimiento también por internet o clicando en un correo de los miles que tenemos hoy en la bandeja de entrada, pero no deja de sonar a disparate. Que para que el señor del banco le pueda llamar a Maripili “mira Maripili que te llega el recibo del colegio de Pablo y no tienes saldo en la cuenta” pues le tenga que ceder.

O la suscripción a la piscina o club del futbol. Ese mismo en el cual llevas con orgullo que eres el socio Mil, que tu abuelo sin salir del hospital y casi del vientre de la madre ya te había puesto el carnet junto al body y el chupete. Pues le vuelves a tener que ceder los datos que si no tienes papeletas de que como no pueden tratar datos ni avisarte te quedes sin ser socio tras cincuenta años y ser compromisario.

También tenemos la paradoja de escuchar por megafonía de centro comercial junto a las ofertas de tres por dos en muslitos de pollo o Luisma a caja uno. El recordar por esa megafonía entre musiquita y musiquita el que no dejemos de aceptar el SMS o email que hemos recibido si somos socios para no perder la ventaja de la tarjeta de fidelización.

Son solo ejemplos curiosos de lo que implica volver a decir lo que muchas veces y tiempo atrás se ha dicho.

Luego tenemos los ejemplos de que un banco o centro comercial te manda el email más o menos en estas líneas. Mira majo, entra la Ley blablá y te informo ahora. Si te gusta bien y si no te das de baja.   Otros todo lo contrario. Mira querido cliente pincha aquí que aceptas de nuevo la cesión de datos y el blablá, después vuelve a pinchar de nuevo aquí para cerciorarme no sea que la primera vez por la emoción se te haya escapado el dedo. Muy bien, ahora una tercera vez por el niñito Jesús y para asegurarme no verme en los juzgados en junio que estos europeos de Bruselas o Maastricht o donde leches estén, nos tienen muchas ganas.

Para terminar que esto se alarga, lo cierto es que no os voy a negar que me está viviendo le lujo. Esa suscripción a la tienda de moda que me hizo la mujer un día y me enviaban el email semanal recordándome las ofertas. Por pereza no lo hacía, ahora zasss de baja ella solita. El concesionario del primer coche que tuve, que aún me mandaba el recordatorio de la revisión, zass. La tienda de informática con sus ofertas zass…. Ósea que no os voy a negar que lo bien que viene un zarandeo del árbol como este para hacer limpieza, sobre todos a los vagos como yo.

Pero no me digas ustedes que no es de chiste, que un Reglamento Europeo y dos Directivas  se podian dejar las cosas más ataditas. Que luego pasa lo que pasa y vemos lo que hay.

Ni al maestro Gila se le habría ocurrido algo semejante

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